EL COMPAÑERO DE MI ESPOSO

Ya tenía tiempo reformada sin haber puesto otra vez el cuerno a Manuel, en eso nuestra vida matrimonial de excelente empezamos a caer en la monotonía del trabajo buen sexo en la cama cuando se pudiera, trabajo, lo excitante o prohibido fue bajando la calentura de los dos.
Pero una tarde conocí a Víctor, 1.80 de estatura, trigueño, de brazos fuertes y piernas también, de mirada intensa y penetrante que desarmaría hasta la mas conservadora de las mujeres, era amigo de mi esposo, compañero de trabajo de el, tenía poco de ingresar a la empresa pero tanto Manuel y el se hicieron grandes amigos, me impresionó su mirada, era intensa, sabía que quería decirme muchas cosas, no podía, la cercanía con mi esposo se lo impidió, pero yo, una mujer inteligente no necesité más leí perfectamente su mirada y quedé sentenciada, sabía que en algún momento, tarde o temprano quizá terminaría siendo penetrada por esa buena verga que imaginé tenía Víctor, así que no dije nada.
Cuando esa tarde, se despidió de mi esposo, ambos con unas copas encima, me ofreció la mano, y yo con cierto nerviosismo pero siempre con respecto se la ofrecí, el apretó mas de lo que de costumbre y leí su mensaje, me dije para mis adentros " Tarde o temprano terminaras ensartada de su verga".
Y así paso el tiempo, dos semanas después, llegó a la casa Víctor por Manuel, yo me encontraba tendiendo ropa, tenía puesto un short pequeño que si un hombre ávido de un buen culo veía, podría adivinar mi par de nalgotas , adornadas por un buen par de piernas, dispuestas a triturar al invasor que osara meterse entre ellas, me saludó ¿Buena..as tardes, está Manuel?, me preguntó.
Sí! Respondí, ¿puedo pasar?, me preguntó, adelante le dije, seguí tendiendo ropa, pero cuando voltee para ver que entraba a la casa donde estaba Manuel, pude advertir como sus ojos se perdieron en la inmensidad de mis nalgas, me sentí nerviosa, pero no di mas importancia.
Terminé de tender la ropa, y me metí a mi casa, allí estaban Manuel y Víctor, este ultimo no dejaba de mirarme cada que mi marido se distraía, ¡ luego vuelvo! Me dijo mi Manuel voy a un bautizo con Víctor.
Y los vi partir, serían como a las dos de la tarde, media hora después tocaron la puerta era Víctor, ¿y Manuel? Pregunté, ¡no sé, se me perdió, pensé que ya había llegado a casa! Me respondió puedo pasar a esperarlo aquí, le notaba nervioso, veía para todas partes, le dije pasa. Se notaba inquieto, se movía en el sofá en el que estaba sentado, yo a un metro y medio, trataba de descubrir que pensaba, sabía que me esperaban sorpresas con este hombre, pero no sabía qué.
De pronto, luego de tanto pensarlo, me soltó la bomba,¡Me gustasai me gustas mucho, y me encantaría estar contigo, sé que eres feliz, sé que no debería pues estimo a Manuel.
Se levantó, y se arrodilló frente a mí, con sus rodillas sobre el piso, puso sus manos sobre mis rodillas, las llevó a mis mejillas y me dijo ¡eres muy guapa, déjame estar contigo, apuesto a que también lo deseas!.
¡Gulp! Tragué saliva en seco, todo esto era extraño para mí, pero a la vez tentador, mis piernas empezaron a temblar, se ruborizaron mis mejillas, mis manos sudaban.

Quéde en shock, no supe que contestar, y mi silencio fue cómplice, porque el entendió el mensaje " el que calla otorga, en eso estaba, haciendo labor de convencimiento, mis barreras de señora casada, se desvanecían, de pronto cuando sonó el teléfono, conteste y era mi suegra la salude y le dije que había salido a un bautizo, que pronto regresaba y que el le llamaría, ella se despidió de mi y colgué el teléfono. No lo advertí, pero el fue tras de mi, y cuando colgué no se aguantó y me abrazo de espaldas, pude sentir su verga, si no de buen tamaño, delgada, pero larga. Víctor seguía allí, detrás de mi, su verga crecía mas y más a cada segundo, mi cuerpo pronto empezó a contagiarse de esa calentura que de pronto a las hembras casadas y fogozas, nos asalta.
Estaba en la sala de mi casa, donde muchas veces me entregué como esposa a Manuel, y detrás de mí, con una verga por encima de la ropa moviéndose entre mis nalgas, de pronto dije ¡ Nooo! Víctor ¡Anda sé que tu lo deseas¡ me calló con un beso en el cuello y luego con su lengua empezó a taladrar mis oídos, mi piel se erizó ,empecé a mover mis nalgas como estudiando con ellas el tamaño, el grosor de su verga, su dureza, me dio la vuelta, quedé frente a el, y entonces me hundió su lengua en mi boca, No, No lo resistí y me entregué a el, nuestras lenguas se trenzaron en una batalla sin final.
No tuve compasión de esa lengua, me la lleve dentro de mi boca, no se cuantas veces, de pronto sentí sus manos en mis nalgas, las apretujaba con unas ansias, me calentó a morir su respiración entrecortada en mi cuello, desvanecieron y no me aguanté , para entonces no pude detener sus manos que como autómatas se colaron bajo un short cortito que llevaba y palpó mis nalgas, el contacto de la piel de sus manos con mis portentosas nalgas me arrodillaron frente al frenesí de su deseo.
Me besó el cuello, el rostro, los senos, Ohhhh como me erizaba mas aún la piel, cuando su lengua rodeó las aureolas de mis pezones, su lengua danzó interminables instantes, antes de atrapar con su boca mis erectos pezones que delataban el poco pudor que me quedaba. Bajo a mi vientre, levantó mi blusa y me chupo de nuevo los senos y yo moví mis piernas para mitigar las ansias de verga que ya exigía la calentura dentro de mi.
Pero el todo un caballero y un macho, se inclinó mas aún, tomo los bordes de mi short, entre sus dedos y empezó a bajarlo poco a poco, de pronto mis nalgas, apenas quedaron cubiertas por una diminuta tanga que cubría mi ano, no me la quitó, me cargó en sus brazos así como estaba, y me llevó a la cama, debo admitir que la puerta principal de mi casa estaba semi-abierta, la de la recamara completamente abierta, y Manuel quien sabe donde, pero podría llegar en cualquier momento.
No reparé en eso, poseída por el deseo como estaba, solo me entregué, Víctor me besó de nuevo, los labios, los senos, el vientre, bajó a mi entrepierna, me las levantó a sus hombros, las abrió y se detuvo a mira mi vagina que estaba mojadísima estoy segura que la luz que se colaba por la ventana, reflejaba el brillo de mis jugos.
Me dediqué a disfrutar de cada instante, de cada beso, cada lamida, cada mirada que me prodigaba mi caliente amante, Ohhhh Víctor, suspiré cuando posó sus labios en mis labios vaginales suspiré apretando mis piernas alrededor de las mejillas del amigo de mi esposo cuando sentí su aliento tibio en mi vagina.
El no se detuvo y por el contrario, con un movimiento suave pero con fuerza, me volvió a separar las piernas , y con sus dedos separó mis labios vaginales, tomó mi clítoris y lo empezó a masajear despacio con sus labios, sentía morirme, sentía que tocaba el cielo. ¡Yaaaaaaaaaaaaaa metela!, le grité a Víctor, el no me hizo caso, y empezó a mordisquear nuevamente mis labios vaginales, primero despacio y después los succionó, en algún momento aprovechando que yo me dejaba llevar por el deseo, hundió su larga lengua en lo mas profundo de mi vagina, sentía como un pené, pero con vida propia excitándome cada vez más.
Me mamó cuanto quiso, lo jalé hacia arriba, el se acostó y me tomó de la cabeza, presionó suavemente hacia abajo y entendí su mensaje, quería que le mamara la verga y no se lo iba a negar, así que lo hice con la mejor dedicación que haya tenido, le bese la boca, el pecho, el vientre, tome su verga que al principio parecía de poca dimensión era igual de apetitosa que la de mi esposo, le chupe la cabeza, sopesé sus testículos, los acaricie, me preguntaba cuanta leche tenía preparada para mi.
Seguí lamiendo hasta poner esa verga durísima y después que lo vi así, no resistí la tentación, le bese la boca, dándole a probar su sabor, me detuve y camine contoneándome hacia la puerta de la recamara, despacio de tal forma que el viera el vaivén de mis nalgas, mostrándole lo que estaba a punto de comerse. Y volví sobre mis pasos, no había nadie.
Y allí estaba yo, me trepé a la cama, caminé de rodillas sobre ella, y me monté encima de Víctor, cuando tuve su verga en mi mano, me acomodé de tal forma que la punta quedara exactamente en la entrada de mi vagina, pude sentir como la cabeza de ese invasor rozaba mis labios vaginales como lubricándose con mis propios jugos, su tarea de Víctor fue ensartarme lentamente, quería disfrutarlo, estaba demasiado caliente y no quería que eso terminara, pero debíamos darnos prisa.
Empecé a jadear, el no decía nada, solo sus manos apretándome con furia mis nalgas, me decían que también estaba disfrutando de ese momento, finalmente mi vagina se devoró su verga, cuando la tuve toda dentro, empecé mis movimientos como si fuese la ultima vez algo rápido, fueron segundos interminables para mi, en todo ese tiempo no dejé de moverme y de besar con total salvajismo a Víctor.
Creo que la calentura que sentía por mi hizo que Víctor pudiera aguantar más que yo, pues su verga estaba igual dura, así que seguí moviendo y exploté dos veces más y en el último orgasmo, explotamos juntos.
Me había venido tres veces y el una, había sido una extraordinaria y excitante sesión de sexo prohibido, ya eran las cuatro de la tarde, nos separamos y nos metimos a bañar, en el baño y bajo la regadera, me besó de nuevo, acaricio mis nalgas, me paso el dedo en mi ano. No le preste importancia y nos bañamos
Salimos, el se vistió, yo también y salimos a la sala, y Manuel, ni sus luces serían como a las cinco de la tarde, cuando de pronto vimos llegar a mi esposo, venía sudado, lo primero que dijo cuando entró a la casa y vio a Víctor sentado en la sala y yo frente a el en el otro lado, fue ¿donde te metiste Víctor?, contestó - pues como cuando estaba en el bautizo no te encontré, me dije, seguro que se fue a su casa y pues vine a buscarte aquí, y me dice tu esposa que no habías llegado, ya que acabo de llegar. Manuel se le paro el carro y vino empujándolo por ello venía sudado, como fue que eso paso... eso mismo me pregunte pero resulta que Víctor lo planeo por ello calculo bien el tiempo para seducirme y cogerme a sus anchas en mi casa.
Esa tarde en compensación de mi infidelidad prepare la tina de baño, la adorne para darle un merecido masaje a mi esposo y este a pesar de lo cansado me dio una batalla dentro y fuera de la tina, dormimos placidamente pero me tenía preocupada Víctor si a este se le salía decirle a Manuel que le fui infiel con el, lo perdería para siempre, no sabía si el callaría esta experiencia pues no era como Gonzalo y los otros, que lo que pasa se queda en su corazón y en ese momento.
Pasó el tiempo y dos meses después Víctor fue promocionado y lo mandaron al extranjero, por lo que quede aliviada y me prometí a mi misma tratar de no fallarle a Manuel.

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